Los Lácteos
 

Cada vez es mayor el número de especialistas en nutrición que cuestionan el valor de los productos lácteos, a la luz de numerosos estudios que han asociado su consumo con una gran variedad de problemas de salud, contradiciendo en muchos casos el concepto de “alimento básico” que popularmente se tiene de ellos.

Si bien es cierto que aún existe una división en los medios médicos y científicos, con estudios que destacan sus beneficios intrínsecos y otros estudios que arrojan resultados totalmente negativos… esto mismo sucede en muchos otros campos y en ocasiones resulta difícil saber quién está en lo cierto.

Por otro lado, la industria láctea está constantemente renovando sus líneas de productos e intentando captar nuevos mercados, aplicando agresivas técnicas publicitarias. Entre los productos lácteos de consumo, existe una amplísima gama. Es curioso observar cómo han ido intentando salvar los problemas que acarrean haciendo modificaciones para que "se adapten a las necesidades nutricionales de cada individuo": si la leche entera es mala para el colesterol, sacamos leche descremada; si la descremada "parece" agua, sacamos la semi-descremada; si al descremarla pierde las vitaminas liposolubles, añadimos vitaminas A y D; si tienes riesgo de osteoporosis, añadimos calcio; si tienes más colesterol, sacamos la leche con Omega-3 (aceites procedentes de pescado); para facilitar la digestión, leche baja en lactosa; si necesitas fibra, leche con fibra; para niños en crecimiento, está la leche con 12 vitaminas y minerales... En definitiva, un "brebaje industrial" que nada tiene que ver con el producto "natural" original.

Algunos estudios que arrojan resultados destacables…

  1. El Estudio de Salud de Enfermeras de Harvard, que siguió a más de 75.000 mujeres durante 12 años, mostró que el aumento del consumo de leche no tiene un efecto protector sobre el riesgo de fracturas. De hecho, el consumo superior de calcio procedente de los lácteos estaba asociado a un mayor riesgo de fracturas.
  2. El Estudio de Nutrición Cornell-Oxford-China, conocido como Proyecto China por haber sido realizado en China continental y Taiwán, es un estudio masivo sobre más de 10.000 familias diseñado para estudiar la dieta, el estilo de vida y las enfermedades a lo ancho de las lejanas áreas rurales de China. Dicho estudio ha generado la base de datos más completa del mundo sobre las múltiples causas de la enfermedad. En este estudio se observó que los chinos (que tradicionalmente nunca han consumido lácteos y en general su ingesta de calcio es baja), presentan un riesgo muy inferior de osteoporosis, y las fracturas de cadera allí son poco frecuentes.

Todo apunta a que los lácteos no ayudan para mantener huesos fuertes; se puede reducir el riesgo de osteoporosis reduciendo el consumo de sodio y proteína animal en la dieta, aumentando el consumo de frutas y verduras, haciendo ejercicio, y asegurando un adecuado consumo de calcio procedente de vegetales tales como las hortalizas de hojas verdes, las legumbres y los frutos secos.

Se pueden reemplazar los lácteos más comunes con los siguientes productos:

LECHE LÍQUIDA: Existen multitud de alternativas, como ser las leches vegetales; la más conocida es la leche de soja, tomada de las tradiciones orientales, pero también están las de avena, arroz, almendras, avellanas, etc. La leche de soja es la que más se presta a diversos usos (en el desayuno, con cereales, para cocinar, como en la bechamel, o en la preparación de pasteles y postres).

MANTEQUILLA: Aunque las margarinas convencionales suelen incorporar algún subproducto lácteo (suero, leche desnatada, etc.), en las tiendas de dietética se pueden conseguir margarinas 100% vegetales, elaboradas a partir de aceites vegetales, y además no están hidrogenadas (los procesos de hidrogenación, aplicados para hacer compactos los aceites vegetales, son perjudiciales para la salud). No obstante, los aceites de palma y coco, aunque son de origen vegetal, tienen un contenido bastante elevado de grasas saturadas, y por tanto deben consumirse con moderación.

YOGUR: También se puede elaborar yogur a partir de las leches vegetales, como la de soja. Lo único que se necesita es disponer de los fermentos iniciales, que se pueden adquirir en las tiendas de dietética. Los supuestos beneficios del yogur proceden de las bacterias que contienen, no del tipo de leche que constituya su medio de cultivo.

QUESOS: El mismo proceso que se utiliza para elaborar queso a partir de la leche de vaca, se puede aplicar con las leches vegetales, principalmente la de soja. El queso de leche de soja se conoce con el nombre de tofu.

HELADOS: Ya existe en muchos países, una amplia oferta de helados dietéticos a base de soja. Las heladerías producen la mayor parte de sus helados en crema a partir de la leche, por lo que las opciones no lácteas son muy escasas, reduciéndose a los granizados (limón, café o cebada) y los helados de frutas.

 

 

 

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