Energías Curativas.


Desarrollar o querer explicar breve y sucintamente los distintos sistemas de curación energética sutil, no solamente resultaría imposible sino carente de todo valor. La mayoría de estos métodos implican la aplicación terapéutica de las energías vibracionales de diferentes frecuencias que se dan en la naturaleza. Por ejemplo las cualidades terapéuticas de las esencias florales, los elixires de las gemas y los remedios homeopáticos empleados para el tratamiento de las enfermedades suministran una frecuencia vibratoria que el sistema energético humano esta necesitando en ese momento. Pero también es posible transmitir energías curativas a quien las necesite sin tener que depender de fuentes externas de energías vibracionales.

 

Uno de los trabajos mas exhaustivos sobre las cualidades energéticas de la imposición de manos fue el realizado durante los años sesenta por el Dr. Bernard Grad, de la Universidad Mc Gill de Montreal. El Dr Grad admitió las posibilidades terapéuticas de los llamados sanadores espirituales. Sabia que muchos médicos han intentado explicar los auténticos efectos terapéuticos obtenidos por estos sanadores aduciendo el gran poder de la fe, o lo que en la terminología de la profesión se llama el efecto placebo. Grad sospechaba que además del efecto placebo, o el acto de fe del paciente, debían existir otros factores psicoenergeticos activos pero difíciles de aislar para su estudio.

Por este motivo, Grad procuro construir experimentos que permitieran distinguir, en el plano de la fisiología celular, entre los efectos psicológicos de la credulidad del paciente y los verdaderos efectos energéticos de las manos del sanador. En consecuencia, decidió trabajar con modelos no humanos de enfermedad (plantas y animales) como eventuales sujetos de curación.

Los animales elegidos por Grad a este efecto fueron los ratones. El modelo de enfermedad susceptible de ser influenciada por las energías del sanador fue el bocio por anomalía de la tiroides.

El principal colaborador de Grad fue un sanador llamado Oscar Estebany, un coronel oriundo de Hungría y famoso por el poder curativo de sus manos.

Los ratones fueron separados en dos grupos, uno de los cuales seria tratado por el sanador, y el otro no. El primer grupo de ratones (que no serian sometidos al tratamiento por imposición de manos) iba a servir como grupo de control.

Para tener en cuenta ciertos factores como el efecto térmico del calor de las manos del sanador, se crearon varias subdivisiones en el grupo:
à En la primera, los ratones no recibirían tratamiento alguno.
à En el segundo sub-grupo, los ratones fueron alojados en jaulas que se forraron de cintas con hilos de caldeo eléctrico para simular el calor de las manos humanas.
à Y en el tercer sub-grupo, los ratones fueron manipulados por personas que no eran sanadores.

El experimento duro unos 40 días, a cuyo termino todos los ratones fueron examinados para determinar cuantos de cada grupo habían desarrollado un bocio de tamaño significativo. El periodo de 40 días fue suficiente para que todos los animales diesen muestras de hipertrofia de la tiroides, pero se observo que los ratones del grupo tratado por el sanador presentaban un crecimiento significativamente inferior del bocio.

 

 

 
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